Precio por hora: una forma más sensata de comparar puros
Un puro de veinte euros que dura dos horas es más barato que uno de diez que dura cuarenta minutos.
Divide el precio entre las horas que arde. Es una medida basta y destapa algo real: los precios escalan mucho más con el tamaño que con la calidad, así que la ganga aparente suele ser la fumada más corta.
La aritmética
Un robusto de 10 € en 50 minutos cuesta 12 € la hora. Un toro de 18 € en 90 minutos cuesta 12 € la hora. Son la misma compra, y el segundo llena una velada en vez de un rato.
Haz la cuenta con tu propia estantería y el resultado suele sorprender: los puros «caros» salen a precio medio por hora, y los baratos no son nada baratos.
Dónde se rompe
El disfrute no es lineal con el tiempo. Cuarenta minutos brillantes ganan a dos horas mediocres, y un puro largo que abandonas a la mitad cuesta el precio entero por la mitad del valor. El precio por hora es una herramienta de comparación, no un sistema de puntuación.
Haz esto: calcúlalo para los tres puros que más compras. Ese único ejercicio cambia hábitos de compra más que cualquier reseña, porque hace visible lo que esconde la etiqueta.
La prima de la ocasión
Algunos puros se pagan por la ocasión y no por la hora: un aniversario, la primera noche en un sitio nuevo. Es una razón legítima para gastar y no tiene nada que ver con el valor; el error es contarte que iba del tabaco.
Qué registrar
El precio no: la app no guarda precios, y sinceramente no hacen falta en un registro de catas. Lo que merece anotarse es si lo comprarías otra vez, que es el mismo juicio con la cuenta ya hecha.
Sin precios, a propósito
Ligero no guarda precios en ninguna parte: lo que pagaste no es asunto de nadie y no es para lo que sirve un registro de catas. Lo que sí guarda es «lo compraría otra vez» junto a tu puntuación, la parte del juicio de valor que sigue significando algo un año después.
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